Gonzalo recuerda su viaje a Oberá

Por
Actualizado: agosto 13, 2015

Gonzalo Dalbes es jugador de Universidad de La Matanza, que compite en el Nivel 1 Oeste del Torneo de Conferencias, realizando una gran campaña en la segunda rueda, con varias victorias en fila. Pero como bien lo explica, su paso como jugador de Mini le ha dejado muchas enseñanzas, no solo desde lo deportivo, sino, principalmente, la importancia de entender que un partido no es más que eso, y una vez culminado, las ganas de derrotar al de enfrente queda terminado y prevalece el respeto al colega. En uno de sus viajes a Misiones, precisamente a Oberá, fue donde quedó marcado a fuego esa lección.

«Desde chico participé en varios encuentros de Minibásquet, alojé a varios amigos, tanto como viajé a sus provincias; todos esos viajes y experiencias me dejaron recuerdos y aprendizajes hermosos.

Nunca me voy a olvidar el viaje a Oberá, Misiones, en mi segundo año de mini; creo que no hubo ni una cosa de ese viaje que no me haya marcado. Desde esas calles anaranjadas y en forma de montaña que subíamos escalando y bajábamos corriendo, las costumbres y la humildad de su gente y muchas cosas más, pero lo que me quedó marcado y hasta el día de hoy recuerdo de todos los viajes al interior (sobretodo el de Oberá) es el sentido de pertenencia de los jugadores, chicos, amigos, entrenadores, todos los que nos recibían y eran parte de las entidades, con su Club.

Para ellos era todo, con 11 o 12 años que tenia yo, jugué precisamente en Oberá un partido con el estadio lleno, ellos sentían que el club era todo, literalmente su casa, vivían ahí, eran muchos y se conocían todos, una familia de cientos de integrantes. Los partidos eran chivísimos, nosotros teníamos muy buenos equipos de premini-mini y preinfa; ellos también, se jugaba durísimo, parecían de otra categoría y lo más lindo era, cuando terminaba el partido, nos saludábamos (como siempre al terminar un juego) y ellos te decían: «Muy bien hermano, partidazo, a la noche nos juntamos a comer en el club y vamos por un picolé».

Después de lo duro que había sido el partido, y siendo chiquito, vos no sabias si te estaban haciendo una broma o te lo decían de corazón, porque de «matarnos» deportivamente adentro de la cancha a decirte hermano y abrazarte.. a esa edad yo no lo podía entender. Ahora más grande, entiendo, valoro muchísimo y recuerdo todo lo que me dejaron esos encuentros, juegue en el club que juegue, lo tomo como mi casa, mi familia, lo defiendo con uñas y dientes, como ellos lo hacían allá en Misiones, al que venga, le voy a hacer la vida imposible, le voy a querer ganar, voy a hacer todo lo posible para arruinarle lo que tiene planeado y hacer lo mejor para mi equipo.. pero al final, sea quien sea, haya pasado lo que haya pasado en el partido.. sonriendo, le voy a decir..: «Bien hermano, partidazo», como me quedó grabado desde aquella vez.»

 

FOTOGRAFÍA: Gentileza UNLaM