Una nena en la voz de una mujer

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Actualizado: agosto 13, 2015

Magalí Semoni es actualmente jugadora de Sitas, equipo compitiendo en la Conferencia Oeste de la AFMB, aunque sus comienzos fueron en Los Indios de Moreno. La escolta repasa sobre aquellos encuentros, sus miedos iniciales al alejarse de la casa paterna, pero también la satisfacción de conocer otros lugares, personas y vínculos que se mantienen con el transcurso de los años.

«Con 30 años ya recordar una de las etapas de mi vida es algo para lo cual no podría negarme…Comencé a jugar al basquet a los 6 años en el Club Recreativo Los Indios de Moreno, un deporte raro que no era muy popular en ese entonces pero sin dudas me atrapó desde el primer día», cuenta Magalí.

Y recuerda su primer desafío en un partido dentro de la categoría Mini.

«Al arrancar de tan pequeña nunca llegaba a mini pese de chica ya jugar en esa categoría. Las primeras experiencias de enfrentar rivales fueron hermosas las esperaba con muchas ansias».

Tampoco se olvida de los encuentro con distintos clubes del oeste compartiendo todo un día a puro básquetbol: «Un día llegaron los Encuentros, el recibir gente de otras provincias y luego devolver esa visita. Lo mas fácil era recibir, siempre vinieron varias chicas a casa ya que éramos dos hermanas y alojábamos 3 o 4 chicas. El compartir eso era sentir que por un fin de semana tenía mas hermanas con la misma pasión, el amor por la naranja. Conocí gente de muchos pueblos de Córdoba, Bariloche, Misiones y otras provincias».

Hay momentos indescriptibles, sensaciones que no pueden borrarse de su cabeza: «El desfilar en estadios de fútbol con el equipo de tu club era una sensación hermosa, como si fuera representar a tu país».

«Por momentos sentía celos de mis papas que trataban a quienes alojábamos como otras hijas pero lo fui superando y aprendiendo a compartir. Lo mas difícil pero que me ayudó a crecer y a perder miedos y lograr mas independencia, fue devolver la visita. El estar en una casa donde no sabía sus costumbres, ni conocía a los integrantes de las familias era un desafío que costó pero con el paso de los años fui superando», admite la mujer sobre su niñez.

«Como muchos, mi primer encuentro lloré porque extrañaba a mis papás y tuvieron que juntarme con otra jugadora para poder superarlo.
A los siguientes años me adapté y viví experiencias únicas, lejos de mis afectos».

En aquellos momentos, era difícil despegarse de los padres por eso en cada encuentro «me llevaba algo impagable que es una amistad, conocer lugares únicos que quizás uno con su familia no logra llegar y este hermoso deporte lo permite», dice Semoni.

«Con algunas jugadoras nos quedó el contacto y nos hemos mandado cartas que luego con el tiempo se pierde pero los recuerdos del corazón quedan para siempre. La verdad como una pelotita naranja puede lograr tantos valores para la vida es algo que solo si se vivencia se pueden entender», concluye la talentosa jugadora de Sitas.